1 de agosto de 2009

"Guapa, romántica y sentimental", extenso y lírico reportaje para ABC



Inma de Santis en ABC, enero de 1974

José Miguel Santiago Castelo (guarda un gran parecido con el rey Abdullah II de Jordania) es escritor y subdirector de ABC desde 1988. Es quien firma esta poética composición de enero de 1974 en la que se funden la capital de España y su hija pródiga y prodigiosa.

En el momento de la despedida, al señor Castelo le habría gustado regalar un piropo a la muchacha de quince años no cumplidos... pero no se atrevió, no sabía si lo escucharía como niña o como mujer.


INMA DE SANTY
UNA ACTRIZ DE QUINCE AÑOS
Por Santiago CASTELO


El próximo día 24 cumplirá quince años. Es y aparece como una niña bonita. Nacida en el Madrid de la calle del Limón Alta —hoy calle del Limón—, número 20, bajo el signo de Piscis. No son muchos datos para fijar su mitología, pero basta con saber que es sensible y romántica y que tiene la esperanza por delante. Llegó al cine muy niña, e hizo papeles a los cinco años, papeles infantiles en «La mujer perdida» y «La mujer de otro». Ahora empieza a hacerlos de chica de dieciocho años. Y luego... El teatro. En este reportaje nos enseña sus aficiones. Tenaz y decidida, Inma de Santy está hecha de la madera de las grandes actrices.

A Madrid se le puede querer por muchos conceptos. O por ninguno. Es de esas ciudades que, sin pretenderlo, logran aglutinar corazones fervorosos porque sí. Sencillamente. Viejo Madrid de las Cavas, las Rondas, de la Bombilla y de la calle Ancha del Avapiés, de San Bernardo y de la Paloma, de la Costa Fleming y de Maratalaz. Viejo Madrid, moderno Madrid, entrañable, único, donde se mezclan los compases de un chotis con los ritmos alocados de la música «pop» y donde todo se hermana y se amalgama con nadie sabe qué extraña mezcla y de qué extraña manera para dar esas plazas de Cuatro Caminos o de Atocha, mientras a un lado de la Gran Vía —asfixiada de coches— un convento guarda en su centro un huerto y un jardín con pájaros, y al lado, detrás de la encrucijada de la Plaza de España, una callecita tiene todavía un botijo en la fresquera y hay olor a cocido con hierbabuena. En esa callecita, llamada hoy del Limón y antaño del Limón Alta, es donde nació y donde vive esta muchacha que se empeñó, hace unos años, en ser una primera actriz y, pasito a pasito, va camino de conseguirlo: Inma de Santy.

He resaltado el encanto confuso de Madrid, porque Inma de Santy es un poco como su pueblo. Su Madrid. Madrid, «rompeolas de todas las Españas», es un niño grande, igual que un mocito, que nunca acaba de sentar la cabeza; que nunca estará terminado del todo. Confuso por la edad. Inma de Santy está también en esa edad en la que ni se es una niña ni se es una mujer. El próximo día 24 de febrero, día de Santa Primitiva, cumplirá quince años. Pues bien, a Inmaculada Santiago le pasa un poco lo que a su Villa y Corte. Tiene cosas encantadoras, de niña chica que aún se le encandilan los ojos si le hablas del éxito que está por venir, como cuando se mira a Madrid desde un avión y ves las avenidas amplias, luminosas, con sueños de futuro. A veces le sale la mujer que empieza a madurarle —o que ya ha madurado— y se queda, evocadora, silenciosa, recordando sin querer recordar una niñez demasiado cercana en el tiempo, pero que no fue ni mejor ni peor que ahora, sino de otra manera distinta. Entonces se parece a ese Madrid amigable de la calle de Don Pedro, y de la plaza de la Paja y de la calle de la Pasa. A ese Madrid de la cabecera del Rastro, que quisiera olvidar su pasado y el pasado puede con él. Tiene hasta parecido con su calle Inma de Santy. Porque es una mujer menuda y fuerte, con rumor a romancillos y risa de regatos pueblerinos. En la calle del Limón, número 20, nació esta muchacha el día 24 de febrero de 1959, bajo el signo de Piscis. Inma, en seguida me lo recuerda, «soy sensible, romántica: soy de Piscis»... Y de Piscis fueron Miguel Angel, y Juan de Austria, y Caruso, y Carlos V, y Chopin, y Sarasate... Y Rosalía de Castro...

Y por si a esta muchacha le faltase un poquito de sal madrileña para comenzar su vida, estudia en las Comendadoras de Santiago. Aquí, en esta plaza, parece haberse detenido el Madrid provinciano. Pocas veces como aquí Madrid es más Madrid, junto a esta plaza que lleva el nombre del convento, fundado hacia la mitad del siglo XVII por Felipe IV y sede capitular de los caballeros santiaguistas. En el fondo, a Inma de Santy le agrada apellidarse Santiago... Han sido muchos años, en tan corta edad, al lado de la Cruz del Apóstol para dejársela arrancar así como así. Por eso, cuando tuvo que elegir un nombres artístico, no buscó ningún sustantivo de rosa ni de estrella, de los que tanto jalonan —como si fuera un mantón de Manila— el firmamento artístico, sino que se quedó con su Inmaculada abreviado y su Santiago a mitad de camino.

— Bueno, sí. Yo he sido, soy, buena estudiante. Me gusta mucho aprender. Creo que el saber es algo fundamental para la carrera de actriz.

Sueños de mujer, que decía la copla, pero sin olvidar ni el ayer ni el mañana. Sino encadenándolos. Ayer y hoy atados en el reloj del tiempo por obra y gracia de la edad. Con recuerdos tibios del pasado cercano, esta muchacha está trenzando, día a día, su futuro. Parece como si ya fuera consciente de su mañana, de su éxito seguro como actriz. Como si al final de su vida quisiera poner sobre su sepultura el verso aquel que puso ese poeta tan madrileño que, por ser más madrileño, se apellidó «Gato»: «Procuramos buenos fines, — que las vidas más loadas — por los cabos son juzgadas.» Todo queda encerrado en madrileñismo. Pero es así. Esta mujercita de catorce años tiene plena conciencia de lo que hace. Sabe a dónde va. Lo que a veces no sabe es si va bien. Y aquí le sale el confusionismo de su tierra. Pero sabe lo que quiere y cómo lo quiere.

Es curioso cómo una muchacha, profundamente tímida hace diez años, se ha hecho con mundología y hasta con desplante.

— Yo, de pequeña, no salía nada de casa. Iba de allí al colegio y del colegio a casa. A escribir y a pintar monigotes. Me gustaba muchísimo escribir. Pero yo creo que era porque así estaba más retraída, más ensimismada. Al fin y al cabo, yo era tremendamente apocada.

No parece una niña de mimos. A Madrid tampoco le quedan ya mimos. Los farolillos de las verbenas ya casi ni se ven y las guirnaldas de colores de las Navidades, con esto de las restricciones, han brillado por su ausencia...

— Tengo una hermana más pequeña que yo: Michele. A mi padre, que se llama Miguel, le hacía ilusión que fuera niño y que le pusieran su nombre. Como nació niña, pues le pusimos Michele, en francés...

El descubrimiento de Inma de Santy es muy simpático. Al menos eso dice ella. Al parecer, su madre estaba un domingo viendo la cartelera para ir al cine. Entonces leyó un anuncio en el que se solicitaba una niña de siete años que midiese de 1,12 a 1,15 y que fuese rubia con ojos claros, para una coproducción hispanomejicana. Inma tenía solamente cinco años. Su madre, un poco en plan de broma, un poco en plan de conocer la Torre de Madrid por dentro, y comoquiera que estaba al lado de casa, pues decidió llevar a la pequeña. Y de las dos mil quinientas niñas que se presentaron (hay que ver cómo andaban de cotizados entonces los niños prodigio con las peliculitas de Marisol, Joselito y Pablito Calvo...), la eligieron a ella. Pero a la tímida Inma le da vergüenza y no quiere hablar. Unos días más tarde, en una noticia de «El Alcazar» se leía que la niña elegida era muy mona y muy riquina y todos esos adjetivos que se les colocan a los pequeños héroes de la gracia sosa, pero que parecía muda...

Le hacen unas pruebas y las gana. La película se llamó «El niño y el muro» y la dirigió Ismael Rodríguez... Desde este momento, sin caer en «vedettismos» infantiles, Inma de Santy es una actriz. A partir de los cinco años intervendría en papeles pequeñitos en películas como «La mujer de otro», «La mujer perdida»... Y fue protagonista de «Los invasores del espacio».

— Fue una experiencia muy bonita. Y la película es una delicia. ¡Qué lástima que no la hayan estrenado! Era muy fantástica...

— Pero el papel que más te ha gustado...

— Bueno, el que más me ha gustado, del que estoy más satisfecha, es el que hice en «El mercenario». Es una película en la que yo, por una impresión fuerte, quedo muda. Entonces dramatizo con señas. Soy actriz... No sé, es la película de la que me encuentro más satisfecha... También de «El otro árbol de Guernica», que la hice con Pedro Lazaga...

— Tienes ya en tu haber muchas películas.

— Vaya. Luego he hecho «La duda», con Rafael Gil, y «Entre dos amores», con Luis Lucia y junto a Manolo Escobar..., y «Experiencia prematrimonial», y ahora «El asesino de muñecas», de Michel Skife, con Helga Line y David Rocha... En esta última ya hago de chica mayor, vamos, de chica de dieciocho años, con novio y todo...

Le pregunto que si tiene novio y me dice que no. En esto le gana Madrid. Madrid es como un gran novio, chulapo, que siendo ciudad se permite el lujo de ser masculino. Hasta en eso se le nota la castiza chulería...

— También he hecho y hago teatro: «Sola en la oscuridad», de Knoch, y «El día que secuestraron al Papa», de Bethencourt.

En estas preguntas, en todas estas respuestas, Inma de Santy se mueve con una naturalidad extraordinaria, impropia de su edad. Se diría que lleva años de primera actriz, que está acostumbrada a conversar con los periodistas, a defenderse de las preguntas de doble filo. Mientras habla arregla algunas cosas en el camarín, guarda unos sobres, se pasa un paño por la cara, sin pizca de nerviosismo. Y me sigue contando de una serie de novelas que hizo en televisión, de esos seriales que ponen al anochecido; y que ahora está grabado un programa dramático infantil, alternando con sus estudios de quinto de Letras, que lleva bastante bien, aunque el latín siga produciéndole añugos...

— Si tengo mucho que estudiar, me levanto a las seis. Luego, a las ocho, me voy a un colegio que hay en la calle de Hortaleza y estoy allí hasta las cinco y media. Y a las seis y media entro a clase de «ballet» en el Conservatorio... Ahora, con esto de la obra de teatro, voy al Conservatorio por las mañanas, en la hora del recreo...

Hay momentos en que me hubiese gustado preguntarle por su infancia para saber más detalles, pero Inma de Santy me ha dicho que ya hablaremos de ello más adelante, cuando ella sea mayor. Es una muchacha sensible, temerosa, a la que los enfados entre conocidos causa un gran desasosiego; a la que, en el fondo, no gusta hablar de su niñez. Como es tozuda, terca, decidida, no insisto... Madrid también es terco, no hay que dudarlo.

— Cuando me propongo una cosa, si se cumple, ésa es mi mayor alegría. Soy muy romántica, sí; también sentimental... Pero no me cambiaría por nadie. Me gusta seguir siendo yo misma.

— Hasta con tus responsabilidades.

— Hasta con mis responsabilidades.

No. No es cursi. Que nadie piense que esta muchacha es cursi. Es valerosa. Con el valor que tienen los héroes: ese de saber que se quiere una cosa y no pensar en las dificultades. Esta jovencita sabe, a sus quince años sin cumplir, lo que puede suponer en su vida el arte escénico, y va por ello. Hablar de realidades es muy pronto aún. Todo es como un hermoso capullo; ella misma, Inma de Santy, es como un broche gozoso que anunciase ya una primavera madrileña...

A mí me hubiese gustado contarle historias de Madrid, desde la de aquel Gil Imón, que, para dar ejemplo de rectitud, castigó a sus hijas, que habían desobedecido al Rey, obligándolas a ir vestidas siempre con hábitos monjiles. O la historia, entre macabra y realista, de la hija del doctor Velasco. O la vida licenciosa de Jacobo de Grattis, más conocido por el caballero de Gracia... Y tantas y tantas historias y leyendas que conocen los castizos y que se pierden entre los muros del viejo Madrid. Pero no me he atrevido. No sabía si Inma de Santy las escucharía como una niña o como una mujer. Por eso, también, me he callado un piropo y me he ido, debajo de la lluvia. Corredera Baja arriba, silbando un pasacalle. Como un íntimo, callado homenaje a Madrid.

19 de julio de 2009

Nell es la nieta buena...


Don Pío (José María Espinosa) instruye a las traviesas niñas en La duda (1972)

Fernando Rey, el que fuera actor español más universal hasta la llegada de Antonio Banderas y Penélope Cruz, protagoniza La duda (1972), film dirigido por Rafael Gil y rodado en localizaciones de Madrid, Santander y Ávila.

Lucrecia (Analía Gadé), adinerada y disoluta condesa de Lain, debe enfrentarse a la llegada de su enemigo y suegro don Rodrigo, el ahora empobrecido conde de Albrit, que regresa a la patria desde el extranjero con la intención de resolver una duda existencial que le atormenta: averiguar cuál de sus dos nietas es la que en verdad lleva su sangre y fue engendrada por su fallecido hijo. El conde odia a Lucrecia porque, debido a sus infidelidades, la culpa del infarto que acabó con su hijo.

Arisco, desabrido y clasista, al intratable conde no le queda otro incentivo en la vida que dejarlo todo atado y bien atado en la persona de su nieta, la que heredará las propiedades de la familia. Debe conocerla y, ante la negativa de la condesa a confesarle la verdad, descubrir por sí mismo si su auténtica nieta es Leonor (Inma de Santis) o Dorotea (Lali Romay). Pronto, el conde cree saberlo y sus preferencias se inclinan por la pequeña y bellísima Leonor (foto), a la que todos llaman Nell: "Miro a Leonor de Arista y Potestad, futura condesa de Albrit y Lain". La pobre Dorotea percibe que su abuelo la rechaza y sufre inmensamente por ello…

Buen trabajo de Fernando Rey y sobre todo de José María Espinosa, el actor que interpreta a don Pío, el tutor de las niñas. Está fantástico. Que yo sepa, Espinosa sólo ha trabajado en esta película.

Inma de Santis y su hermanastra en la ficción, Lali Romay, tienen papeles importantes y salen casi de principio a fin. La última aparición de Romay en el cine se remonta a 1975.

La duda está basada en la novela El abuelo, de Benito Pérez Galdós. José Luis Garci dirigió un remake en El abuelo (1998), con Fernando Fernán Gómez (actor al que Inma admiraba) en el papel de conde de Albrit y Alicia Rozas como Nelly. La película de Garci no la he visto y no puedo decir cuál me parece mejor. En IMDb ambas tienen calificaciones similares, un 7.7 la de Gil y un 7.6 la de Garci.



Inma de Santis, José María Espinosa, Lali Romay y Fernando Rey en La duda (1972)

6 de julio de 2009

Carteles de El Niño y el Muro

Dirigida por Ismael Rodríguez, la producción hispano-mexicana El niño y el muro (1965), una historia de la Guerra Fría en el Berlín dividido, es la primera película en la filmografía de Inma de Santis. Junto a Inma, el otro niño protagonista es Nino Del Arco (nombre real Leonardo Del Arco), que hoy sigue conservando la amistad con la familia de Inma y al que desde aquí envío un cordial saludo.

Las escenas de Nino e Inma se rodaron en Madrid, mientras que el grueso del film se produjo en la misma capital de la RDA. Hay que destacar que cuando se hizo el casting en Madrid (en la Torre de Madrid) para El niño y el muro, Nino del Arco llegaba del rodaje en Almería de Por un puñado de dólares (1964), dirigida por Sergio Leone y protagonizada por Clint Eastwood. Soy un sacrílego y todavía no he visto esta verdadera película de proyección internacional en la que, pese a su temprana edad, Del Arco tuvo oportunidad de trabajar con grandes leyendas del cine. ¡Clint Eastwood!

Queda constancia de que este fue el primer paso Inma en un mundo siempre competitivo y muchas veces desagradable. Ella diría que de tener una hija no querría que siguiese sus pasos... O al menos no de la forma en que ella los anduvo. La película que nos ocupa hoy, El niño y el muro, contó con la presencia de la mexicana Linda Christian (aquí fotografiada en 1945), actriz que hizo carrera en Hollywood y que fue mujer de la estrella Tyrone Power. En los 80 tomaba parte de las fiestas de Marbella.

Poco a poco nos acercamos a diciembre y a ese veinte aniversario en el que anticipo que este blog homenajeará a Inma con vídeos, fotografías y material inédito en Internet.



16 de junio de 2009

Ella, él y Benjamín


Inma de Santis en Ella, él y Benjamín (1988)

He aquí una pequeña exclusiva, algo que por su peculiaridad, ser el último trabajo de Inma de Santis en el cine, tenía un interés especial por ver. Ella, él y Benjamín (1988) es un cortometraje de 13 minutos dirigido por José Ángel Bohollo. Si no me equivoco, hay que remontarse a casi una década y Las flores del vicio (1979) para hallar la anterior interpretación no televisiva de Inma frente a las cámaras.

Como sinopsis, Ella, él y Benjamín es un relato algo surrealista de un pardillo integral que ve cómo ella (Inma), una mujer próxima a la histeria, se sienta con él en un restaurante y le hace una serie de peticiones como mínimo extrañas. Cualquier hombre normal la habría toreado con mayor o menor habilidad, pero nuestro protagonista es de esa clase de infelices que sólo han visto una mujer en las revistas.

Atención al personaje interpretado por Francisco Racionero, un mariposón que dirige una casa de citas y que tiene una gracia tremenda. Con permiso de Inma es lo mejor del corto.

El reparto lo completan Francisco Vidal, José Lifante, Luis Ciges, Juan Gea y Juan Carlos Martín.

▪ Ella, él y Benjamín en YouTube: Parte 1, Parte 2.

7 de junio de 2009

En la Facultad de Ciencias de la Información


Inma de Santis en la Universidad Complutense (foto) de Madrid, 1978

Algunos recortes de prensa con Inma como estudiante en la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense de Madrid, lugar que ya conocía bien al haber rodado en ella las escenas iniciales del film Juego de Amor Prohibido (1975).

Como muestra de la precocidad creativa de la joven Inma, resulta significativa una de sus declaraciones: "Hace años me sentía capacitada para materializar un guión, pero a medida que voy aprendiendo, me doy cuenta que mayor es mi ignorancia".

En el ámbito frívolo y aunque Inma probablemente lo negaría, detecto cierto orgullo cuando habla de su caché como belleza y de las ofertas que recibió y rechazó para posar en muchas revistas. Se compara con otra actriz, Maribel Martín (Wikipedia).

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Nuestra joven y a la vez veterana actriz Inma de Santi está estudiando cine. Este verano se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense madrileña, para iniciar el primer curso en la rama de imagen. En un principio, no acabamos de comprender qué es lo que pretende aprender, en una facultad tan criticada, una madura actriz que a sus diecinueve años suma ya más de catorce rodando de plató en plató, y no podemos evitar preguntarle a Inma la pregunta de moda.

— ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Estudiar Imagen es una manera de completar mi formación, por lo menos a nivel teórico y cultural. Empecé en noviembre y normalmente asisto a clase por la tarde. Cuando acabé el COU, pensaba estudiar Psicología, que es otro tema que me apasiona, pero me dieron plaza en la Universidad Autónoma, lo cual dificulta mis desplazamientos. Al cabo de dos cursos de iniciar el traslado, opté por matricularme en Imagen. Así, al menos estudio cuando no trabajo.

— La especialidad de Imagen en Ciencias de la Información está destinada a la formación de realizadores-directores. ¿Tú crees que es fácil dirigir?

En mi clase somos setenta, sesenta y nueve de los cuales creen que pueden dirigir. Yo pienso que hacer cine no es filmar. No es sólo cuestión de decir ¡motor!, ¡acción! Hay que conocer la técnica, saber mover a los actores y tener una imaginación futurista de pantalla. El cine es más complejo de lo que la gente piensa.

— ¿Quiénes son a tu juicio los mejores directores de entre los que conoces?

Mario Camus y Miguel Picazo.

— ¿Crees en el futuro de la mujer como realizadora de cine?

Por supuesto que sí. Como prueba de que la mujer puede hacer tan buen cine como el hombre, ahí tienes a Pilar Miró, Celia Bartolomé o Josefina Molina, y no hay más figuras femeninas por la desigualdad de oportunidades.

— ¿Tú piensas dirigir algún día?

Sí, pero a muy largo plazo. Hace años me sentía capacitada para materializar un guión, pero a medida que voy aprendiendo, me doy cuenta que mayor es mi ignorancia.

— ¿Qué opinas del desnudo?

Aunque ya está en decadencia, ha sido un negocio muy lucrativo, pero no para mí. Hay que ver la cantidad de veces que me han llamado para fotografiarme desnuda en alguna revista. Mi cotización supongo que llegaría a estar muy alta. Los últimos argumentos que recuerdo decían algo así como que sólo quedábamos Maribel Martín y yo; desconozco si ella habrá claudicado.

Inma de Santi, ya próxima a cumplir sus veinte años, tiene muchos amigos, la mayoría ajenos al mundo de la farándula. Dice no tener novio. No acostumbra a salir por las noches. No frecuenta los centros convencionales de reunión de la gente del espectáculo porque el ambiente le resulta artificial.

Noche de Teatro


Inma de Santis en Las Meninas (1974)

Inma interpretó en papel de la infanta María Teresa en Las Meninas (1974), uno de los capítulos de la serie Noche de Teatro de TVE. Con ella trabajaron Miguel Ángel, Andrés Mejuto, Avelino Cánovas, Mercedes Lezcano, José María Rodero, Fernando Chinarro y José Albiach. Dirigió Manuel Ripoll.

1 de junio de 2009

Inma escribe a Manuel Martín Ferrand

De Inma de Santis

La carta mecanografiada por Inma de Santis en 1976. Firmó como "Inma de Santy"

He aquí una de las muchas disputas de la industria cinematográfica, aunque por fortuna menos cruenta que la que, por ejemplo, ha protagonizado Christian Bale recientemente.

Tras la polémica surgida por el rechazo de Inma a tomar el papel principal de la película Beatriz (1976), nuestra joven actriz escribe una carta a Manuel Martín Ferrand, director de Nuevo Diario. En su misiva de febrero de 1976, Inma responde a los productores Luis Méndez y Julián Esteban, los cuales previamente, en una tribuna del mismo periódico, la habían acusado de inventarse como excusa unas escenas de desnudos parciales y totales que, según ellos, no figuraban en el guión. Beatriz, el personaje, finalmente fue interpretado por Sandra Mozarowsky.

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D. Manuel Martín Ferrand
Director de "Nuevo Diario"
Madrid, 7 febrero de 1976


Señor director:

En la sección "Tribuna Libre" del diario que Ud. dirige con fecha 3 de febrero de 1976, se publica una carta de los Sres. D. Luis Méndez y D. Julián Esteban en la cual dicen "salir al paso" de unas declaraciones mías sobre los motivos de mi negativa a interpretar el personaje de Beatriz en el film a que da título este personaje.

Los Sres. Méndez y Esteban aseguran que los desnudos que me he negado a realizar no existen en el guión que ha sido presentado y autorizado por el organismo competente, alegando que estos desnudos son únicamente tres y parciales.

En el guión que se me dio a leer, no sé si el definitivo y al que probablemente se refieren dichos señores, no sólo se describían tres desnudos parciales, sino varios totales y algunos más parciales, a los que yo no me hubiese negado, de no ser porque según mi criterio estaban absolutamente fuera de lugar, ya que en estas secuencias podría haber aparecido con cualquier prenda sin afectar para nada al contexto argumental de la película.

Es obvio que puedo describir estas secuencias, pero no considero necesario llegar hasta ese extremo.

Por otra parte, en una de las cuatro entrevistas que mantuve con D. Gonzalo Suárez (siempre privadas), al plantear la antedicha cuestión, me dijo que comprendía perfectamente mis razones pero que no quería más limitaciones, y me dio a entender "muy claramente" que estos desnudos estaban ahí para la posible comercialidad de la película y si yo me decidía a hacerla habría de ir de una manera incondicional.

Ante esta situación decidí no interpretar "Beatriz".

En cuanto a lo hipotético de mi intervención puedo decir que siete días después de mi negativa, por medio de mi representante D. Damián Rabal, se me requirió nuevamente para saber mi "última decisión"; es evidente que no cambié de opinión.

Por supuesto creo que precisamente una película dirigida por D. Gonzalo Suárez e interpretada por actores de tanto prestigio no necesita de la exhibición absurda de mi cuerpo, de ahí el planteamiento del problema.

En lo referente a mi "prurito censoril", no creo que deba llamarse así a lo que es mi criterio sobre si un desnudo es sólo exhibición, o por el contrario es parte fundamental de la obra.

No está en mi ánimo levantar polémica sobre esto ni seguir hablando del asunto, sino simplemente defenderme de la insinuación que hacen los Sres. Méndez y Esteban de que yo me he inventado todo esto.

Le saluda atentamente:

Inma de Santy

P.D. Le agradecería la publicación de esta carta.

10 de mayo de 2009

Harta y hasta la coronilla de Linda Blair, que ninguna culpa tenía la pobre...


Inma de Santis en Diario de Mallorca, marzo de 1975. La fotografía del artículo, en los Jardines del Retiro de Madrid, es de la misma serie que la que incluyo a la derecha, en color

Continuando con la película El juego del diablo (1978), de la que hablaba en mi anterior post de Inma con María del Puy, aquí tenemos una interesante entrevista en Diario de Mallorca, en marzo de 1975.

Inma se despacha a gusto sobre su mala experiencia en el rodaje, aunque se declara satisfecha con el resultado final de un film que como podemos constatar, y yo ya lo había supuesto por lo jovencita que se ve a Inma en él, no se estrenaría hasta varios años después, concretamente 1978.

Copio algunos fragmentos de la entrevista firmada por José M. Merino Magdalena, que desconozco si será el escritor José María Merino, académico de la Real Academia Española.

— Soy así, el día que me levanto con el pie izquierdo no hay quien me aguante. Cuando estábamos haciendo El juego del diablo dije varias veces "de esta me retiro".

— Pero, ¿por qué?

— Esta película fue una auténtica pesadilla para mí. Cada día me traían un guión nuevo. Continuamente me modificaban el papel. Y sobre todo el rodaje… ¡Qué doblaje! Ahora tienes que imitar tal sonido, me decía el director. Y siempre, claro está, apostillando con la frase de "Linda imitaba el gruñido del cerdo". Ahora tienes que hacer esto otro, en El Exorcista… estaba ya hasta la coronilla de Linda Blair [foto de Linda en 2007] y sus exorcismos… en fin, ya pasó todo. Ahora estoy muy contenta con la película y mucho más aún con el director, George M. Darnell [Jorge Darnell].



En lo personal y hablando de los amores, Inma no tiene reparos en realizar una petición que hará brotar una urticaria a más de una feminista patria….

— Tengo muy buenos amigos. Y no me falta algún enamorado platónico, que más de uno me ha escrito cartas… Pero aún no me he planteado este problema. De una cosa sí estoy convencida, y es que cuando tenga novio lo que pido es que me domine… Será la mejor forma de entendernos.

Sobre el futuro y las oportunidades, la joven Inma se sincera al punto de reconocer que "ahora mismo, no me importaría ser la Lolita del cine español…", un deseo o una conformidad de la que muy pronto se arrepentiría…

2 de mayo de 2009

Inma con María del Puy

De Inma de Santis


De las que me faltan, El juego del diablo (1978) quizá sea la película de la filmografía de Inma que más ganas tengo de ver. Lamentablemente no está editada en DVD y la única forma de conseguirla es haciéndose con una copia de cinta de vídeo, con todas las carencias en imagen y sonido que dicha solución temporal suele conllevar. Por la sinopsis y el comentario que he leído en Psychotronic Kull Video, blog especializado en cine de terror, se trata de una versión española de The Exorcist (1973), con Inma interpretando un personaje similar al de la poseída Regan (Linda Blair). A falta por el momento de la película en sí, lo que sí tenemos aquí son unas excelentes fotografías de Inma con María del Puy durante la producción del film. Actriz de cine, televisión, teatro y doblaje, Del Puy ha prestado su voz a actrices como Shirley MacLaine, Liza Minelli, Geraldine Chaplin, Ingrid Bergman, Jane Fonda, Katharine Hepburn o Jaclyn Smith.


Inma de Santis y María del Puy en El juego del diablo (1978)

"Entrevista desapercibida"

El Fotogramas número 1.588, del 25 de agosto de 1978, trae a Inma en bikini a la portada con su "entrevista desapercibida", firmada por M. ª Angels Llinás, así como un reportaje sobre Tiburón 2. En las páginas interiores y justo tras la entrevista a Inma, encontramos la cartelera de Madrid y Barcelona, proyectándose La Guerra de las Galaxias en el cine Real de la capital de España.

En la entrevista se percibe la habitual tensión entre Inma y el entrevistador, una tirantez que era especialmente notoria cuando quienes la entrevistaban eran mujeres que, por razones imaginables, se desahogaban puntilleándola. En el pie de foto de una de las fotografías que ilustran el reportaje, de la película Nunca en horas de clase, se describe a Inma como "entre Lolita y Pretty Baby", en alusión a la película de Brooke Shields de ese mismo año.

Copio la introducción y algunos extractos. La lectura completa en las imágenes escaneadas.


FOTOGRAMAS N.° 1.558 — 25 de agosto de 1978
Inma de Santis, la eterna desaprovechada


M. ª Angels Llinás

Hacer un pórtico a una entrevista con Inma de Santis puede resolverse echando mano a tres o cuatro tópicos bien barajados. Puede hablarse de su físico de dulce niña bien, de sus cabellos, de esos ojos cual lagos cristalinos y demás imágenes en las que no anida, precisamente, la paz. Puede, por qué no, emparentársela con las niñas prodigio o meterla en el saco de las ingenuas a lo Ivonne Sentís. Sin películas, con auténticos deseos de llegar a ser una actriz de veras y anunciando sostenes en la «tele», por aquello de la subsistencia en un medio hostil, esta Inma de Santis que con diecinueve años tiene veintitrés películas en su haber, acaba de rodar «Nunca en horas de clase», el último film de José Antonio de la Loma.

— A mí lo que me gustan son las historias que sean creíbles y que permitan unos matices interpretativos. No exijo grandes cosas, simplemente una historia, porque la vida está llena de historias que son simples y que la hacen complicada. Me gustaría hacer un cine de verdad.

— Cuando era niña me escogían porque era una de las niñas que trabajan en el cine español. Cuando fui creciendo porque dijeron que era más o menos buena actriz. Otras veces porque si los ojos que tengo son así, o mi cara asá, porque necesitaban una niña rubia, lo clásico, o porque buscaban un físico determinado como niña guapa, fea, repipi, o lo que fuera.

— A mí no me interesa salir durante dos meses en todas las revistas en pelotas, y que me llamen para rodar todas las películas, y al cabo de seis meses me tenga que ir a casa. Si el argumento de una película me pide desnudarme lo hago. Sería absurdo no hacerlo, porque estás condicionada a los guiones, y los guiones siempre van a más desnudos, porque cuantos más tengan más comercial es la película.


Inma de Santis, portada de Fotogramas del 25 de agosto de 1978