30 de agosto de 2008

El Asesino de Muñecas, al fin



Conocí a Inma de Santis a raíz del estreno de una película suya, que hacía la número seis de su joven filmografía. Entonces tenía apenas diez años. Tras la proyección hubo un cóctel en un hotel de la Gran Vía, y allí estaba Inma con su madre y con los demás chicos y chicas que intervenían en la cinta. Llevaba un vestido blanco, calcetines, pelo suelo y sus preciosos ojos verdes que tiene puestos desde que nació. No dejó de correr por el salón del hotel, jugueteando con los demás niños y niñas. Ahora, cuando sólo le faltan cinco meses para cumplir diecisiete primaveras, “una edad muy peligrosa”, en su opinión, Inmaculada, que este es su nombre en la pila bautismal, viste un pantalón azul, blusa, zapatos de niña bien. También está acompañada de su madre, el pelo suelto y los mismos ojos verdes, aunque más grandes. Sin embargo, como es lógico, Inma ha cambiado como de la noche a la mañana. Es ya una damita del cine, que ha hecho pinitos en el teatro y ha intervenido en numerosos programas dramáticos de la televisión, uno de ellos juntos a Ramiro Oliveros, de quien se enamoraba en la obra, y quien por cierto, con su cerca de dos metros de estatura, llevaba a Inma muchos palmos, porque la señorita Santiago, que éste es su apellido real, aún no es muy alta, si bien todavía está en edad de crecer.

— Supongo que habrás visto las veintiuna películas que ya has hecho y que te habrán gustado.

— Pues supone mal, porque ni las he visto todas ni todas las que vi me gustaron. No he visto, por ejemplo, El Asesino de Muñecas. Tuve bastante con lo que me dijeron quienes la vieron, entre ellos mi madre, y no me he arrepentido de no haber ido a verla. Se da el caso curioso que de las películas mías, las que más me agradaron fueron una que hice cuando tenía nueve años y Juego de Amor Prohibido, aún no estrenada.


Cuando leí lo de "tuve bastante con lo que me dijeron quienes la vieron, entre ellos mi madre, y no me he arrepentido de no haber ido a verla", me dio la risa. ¿Qué le dirían a Inma? Hoy su madre no recuerda exactamente el qué, lo que es una pena, pero en palabras del director, Miguel Madrid, El Asesino de Muñecas (1975) se define así: "Es el psicoanálisis de un psicópata cuya enfermedad mental está basada en uno de los resortes más característicos de la sicopatología criminal: el drama de la doble personalidad".

Rodada en Barcelona, Sitges y Castelldefels, la acción teóricamente discurre en la localidad francesa de Montpellier, donde el jardinero de una acaudalada condesa, interpretada por la morbosa Helga Liné, se marcha a disfrutar de unas vacaciones, dejándolo todo al cargo de su hijo Paul (David Rocha), un ex estudiante de medicina frustrado por no poder hacer realidad su sueño de convertirse en cirujano cardiovascular, y severamente trastornado por una sórdida niñez en la que su madre le obligaba a jugar con las muñecas de su hermana, fallecida tiempo antes.

El desdichado Paul sufre alucinaciones, accesos de ira y una sexualidad desordenada, atípica si se prefiere, que le hace temer a las mujeres y sentirse más cómodo en la compañía de hombres y niños. Además, y esto lo conocemos desde el principio y por tanto no revelo ningún final, Paul es el asesino en serie que está matando a las chicas que en la noche buscan en los jardines de la condesa un lugar de intimidad con sus novios, y a las que en sus delirios él ve como muñecas o maniquíes. La mayor parte de las escenas exteriores transcurren en los citados jardines, que en realidad no son sino el —omnipresente durante la hora y media de película— Parque Güell de Barcelona.

Aprovechando la oportunidad de que el jardinero y su mujer, los padres de Paul, se hallan fuera, la lasciva condesa invita al joven a dormir en su mansión, donde les atiende un insolente mayordomo negro, pero Paul no está en sus cabales y la rechaza, irritándola y transformándola en esa figura que tantos y tantos hombres echan de menos en sus vidas: la acosadora sexual. Y para aliviar esta circunstancia no es de mucha ayuda que la ofendida condesa descubra que su dulce hija Audrey (naturalmente Inma de Santis) ha caído enamorada en los brazos del amanerado Paul.

Había leído por ahí que El Asesino de Muñecas es la película en la que con más intensidad brilla la belleza de Inma, pero aunque lo hace hasta deslumbrar y exhibe una ropa y peinados propios de los 70 y muy favorecedores en su caso, pienso que en Juego de Amor Prohibido se supera a sí misma, y explicaré por qué. El Asesino de Muñecas se estrenó en el 75 pero se rodó en el 73, cuando Inma tenía 13 o 14 años. Está guapísima pero un pelín más cría de lo ideal. Le falta ese año o dos de madurez con que contaría en Juego de Amor Prohibido. No obstante, y tal y como puede observarse en los fotogramas que he capturado, la suya es una imagen y una perfección ambivalente. Su edad puede resultar relativamente indeterminada.

Lo que me ha decepcionado es que la han doblado. ¡No es su voz! Tiene una voz agradable, eso sí, pero no es la suya, y uno de los atractivos inherentes a Inma de Santis es su voz. Grave error...

El Asesino de Muñecas, en definitiva, es una obra excéntrica, surrealista y de aficionado, pero se puede valorar si se hace con generosidad y mucha mano izquierda. Independientemente de ella, de Inma de Santis, he disfrutado viéndola y volveré a hacerlo muchas veces. En ello tiene no poca influencia la nostalgia por una década, los 70, en la que nací y a la que extraño por lo lejana que ya se ve hoy. ¡Qué coches tan malos había! ¡Pero qué música y estilismo!

27 de agosto de 2008

Así lo recogió la prensa (II)

De Inma de Santis

Inma de Santis en una foto de mediados de los 80

El funeral por Inma de Santis se celebró el 5 de enero de 1990, en la madrileña basílica de San Francisco el Grande. Allí acudieron familiares, amigos y conocidos de la presentadora de televisión. Extracto algunas declaraciones que hicieron para la revista SEMANA, empezando por el fotógrafo Antonio de Benito, el novio de Inma durante casi una década, y que escuetamente, lógicamente sin muchas ganas de contestar a determinada clase de preguntas, dijo lo siguiente: "Si durante ochos años tanto Inma como yo intentamos permanecer alejados de la curiosidad pública, ahora que ella ya no está no tiene sentido alguno contar nada sobre una relación que, por otra parte, había terminado hace dos años. Me encuentro muy mal. La muerte de Inma ha sido terrible para todos los que la queríamos. Era una gran persona; estaba llena de vida. No sufrió. Lo único que puede consolarnos algo a todos de su pérdida es esto, y quizá también que los últimos días de su vida fueron muy felices para ella".

José María Rodero: "Me enteré de la desagradable noticia en los pasillos de televisión y ha sido como un puñetazo, no me lo podía creer. Éramos muy amigos. Inma era, además de una magnífica actriz, una gran mujer, una chica muy bella y dulce, una criatura entrañable. Se dedicaba en cuerpo y alma al trabajo, aunque quizá haya sido una actriz desaprovechada. Su muerte me ha impresionado mucho".

Aurora Redondo: "Con lo joven que era es increíble. Inma era una chica encantadora que tenía un enorme gancho como actriz a pesar de que lo había abandonado un poco. Hace unos días estuve con ella en su programa. La conocía desde que era un niña, aunque no llegué a trabajar con ella. ¡Pensar en lo que puede estar pasando su madre...!".

Amparo Rivelles: "Conocí a Inma cuando me invitó a su programa de televisión. Me pareció que era una persona con un encanto especial, muy dulce. Me llamó la manera especialmente la manera de tratar a los invitados. Su educación era desmesurada".

Arturo Fernández: "Cuando supe la noticia me quedé helado. La conocía, aunque no trabajé con ella. Era una persona muy discreta en lo que se refiere a su vida privada. Estaba dedicada a su profesión. Se la veía con ganas de hacer cosas. Siempre tenía un estímulo que la hacía superarse. Tengo entendido que siempre realizaba un estudio de todos sus proyectos, y eso se reflejaba en sus trabajos. Era una buena profesional".

Mónica Randall: "La conocía personalmente desde hace muchos años. No recuerdo si trabajé alguna vez con ella, pero durante un tiempo la veía con frecuencia porque mantenía relaciones con un fotógrafo que trabajaba conmigo en una película y ella iba al rodaje".

Florinda Chico: "La conocía desde chiquitita. Trabajé con ella en varias ocasiones. Su muerte me ha afectado muchísimo. Teníamos un trato no sólo profesional, sino también personal, ya que mi hermano era amigo íntimo de Inma. Como actriz era buenísima. El otro día lo comentábamos mi hermano y yo después de verla en una revista. Ha sido una pena que su vida se truncara de esta forma. Estaba llena de vitalidad, y la dulzura de su rostro reflejaba la de su alma. Estoy deseando que acabe este año. No recuerdo una época en la que la muerte atacase tanto".

Francisco Valladares: No sé qué decir. No puedo creérmelo. Había trabajado con ella en muchas ocasiones. Recuerdo una anécdota en Ana Karerina en la que teníamos que bailar un vals. Tuve que sujetarla con mi brazo derecho durante todo el tiempo para que las estaturas quedaran equilibradas. Ella no paraba de reírse, porque sus pies no tocaban el suelo. Era realmente una persona maravillosa, y no lo digo porque haya muerto, sino porque lo era de verdad".

6 de agosto de 2008

TVE recuerda a una rubia de cabello suelto...


TVE recuerda a Inma de Santis en la serie La Tele de tu Vida (2007)

Dice una Inma enfurruñada: "¡A mí siempre me toca hacer de mujer blanca!". Es bueno, aunque tratándose de quien se trata no funciona lo de si breve dos veces bueno. Ojalá que un día TVE le haga el homenaje que ella, que tan ligada estuvo a "la casa", se merece. Por lo demás, no sé a qué película o serie pertenece, pero Inma está guapísima en la escena en la que se desmaya, a los 0:19. "Es rubia, el cabello suelto...". La tele de nuestra vida.